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Vivir en un crucero de lujo

Por: STAFF/ Insight México
07-03-2018

POR RAQUEL F. NOVOA

Al final de su vida, una anciana Fermina Daza decide plantar cara a sus hijos y retomar su historia de amor con Florentino Ariza en «El amor en los tiempos del cólera». La pareja encontró el camino a la libertad a bordo del «Nueva Fidelidad», un romántico buque de aspecto colonial que se convirtió en su última morada.
El mar representa para el hombre una vía de escape, el fin de las fronteras, la independencia. También es símbolo de la reflexión, un lugar perfecto para el retiro, por eso la empresa ResidentSea Lt concibió en el océano su novedoso modelo de negocio: vender casas en un barco, concretamente en un crucero de lujo bautizado como «The Word». Lo que a priori parecía un proyecto arriesgado, hoy es un deseado oasis con lista de espera.
Ya se han vendido las 165 casas que navegan en las instalaciones del buque, pero algunas de ellas están disponibles en reventa. Sus propietarios amanecen cada día en un puerto diferente, los más exclusivos del mundo. Esta vida a la deriva cuesta entre uno y seis millones de euros más costes de viaje, manutención y mantenimiento. Esta curiosa manera de vivir también puede alquilarse, cuesta entre mil y cuatro mil euros diarios.
Las viviendas con balcones al infinito cuentan con las comodidades de cualquier casa situada tierra adentro. Los vecinos más independientes eligen el estudio, pero quienes comparten su aventura tienen a su disposición pisos de hasta tres habitaciones. La joya de la corona es el ático, un capricho de casi 300 metros cuadrados con vistas de ensueño y capacidad para 12 personas.
El barco no ofrece la oferta de espectáculos de un crucero normal porque no es tal cosa, su uso residencial es determinante en la planificación de las actividades. Para los inquilinos, The World es un estilo de vida, esto que explica la escasa sociabilidad entre los tripulantes, que hacen vida en sus apartamentos como si de una urbanización al uso se tratase. Eso sí, el complejo no carece de lujos y posibilidades, en sus 12 cubiertas hay dos piscinas, pistas de tenis, padel, un simulador de golf y un gimnasio al aire libre.
En su interior, por otro lado, caben desde tiendas de alta gama a un club social –donde la cuota es de 70.000 dólares al año-, galerías de arte, salas de juegos, biblioteca, un «cigar club», pubs y discotecas, un centro médico y una capilla. También guarda espacio para la relajación, que se encontrará de manera casi involuntaria en las instalaciones de su spa; y para la gastronomía, donde el conocimiento del mundo se alcanzará a través de los platos de sus cuatro restaurantes premium. Los más sibaritas podrán sumergirse en los placeres de la enología en la bodega, que conserva 12.000 botellas de vino.
Pero la cultura es realmente el campo que ocupa un lugar destacado en el navío, el enriquecimiento intelectual es una prioridad tanto para los inquilinos del buque como para la organización, que se esfuerza por satisfacer las inquietudes de los eternos viajeros mediante charlas, conferencias y coloquios con grandes personalidades de las artes y las ciencias. Uno de los eventos más esperados es la visita de los premios Nobel: la empresa promete invitar a cuatro galardonados al año para que compartan sus conocimientos con los viajeros.

¿Quiénes son los vecinos?

En esta urbanización flotante conviven entre 150 y 200 personas de todo el mundo, aunque la mayoría de ellos proceden de Estados Unidos y Europa. La media de edad es de 50 años, pero el único requisito que se solicita para formar parte de esta comunidad flotante es tener un mínimo de ceros en la cuenta corriente: para comprar un apartamento, el comprador debe tener un patrimonio que supere los diez millones de dólares (8 millones de euros).
La empresa presume de la altura intelectual de sus viajeros, que disfrutan de cada puerto poniendo el listón muy alto a sus guías expertos. Éstos se encargan de organizan rutas y excursiones para que la toma de contacto con las diferentes regiones sea plena. Las visitas a las ciudades no duran horas, sino días, porque sólo de este modo se puede extraer totalmente la esencia de las diferentes culturas y su modo de vida.
En 2018, la excéntrica comunidad de vecinos comenzará su deriva en Miami y seguirá navegando rumbo a Nueva Orleáns, depués rodearán las paradisíacas islas del Caribe para atracar finalmente en América Latina y conocer el continente. Cuando esta aventura termine tomará rumbo hacia Europa, aunque antes de llegar a su destino hará escala en Cabo Verde y las islas Canarias. Tras un intenso recorrido por el Mediterráneo los viajeros finalizar el año en África, donde los primeros destinos serán Ascensión y Santa Helena y el último, Sudáfrica.

Con información ABC / España

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