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Fernando Chico Pardo, en el punto exacto del despegue de Quintana Roo

Por: Abraham F. Gorostieta
02-02-2019

Los aviones y sus pasajeros han estado ligados al glamour en México. Volar es cosa de ricos y poderosos, desde los primeros pasajeros en la década de los 50 hasta ahora. Según cifras del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, sólo el 30 por ciento de los mexicanos vuelan en avión regularmente.
Y es que hay de pasajeros a pasajeros. Desde los viajantes exprés hasta los locos gourmet de los vuelos.
El presidente mexicano López Mateos tenía dos vicios comprobados: su afición a los automóviles de carreras y conocer mundo con dinero del erario. Él fue quien inició la costumbre de que los presidentes mexicanos se pasearan por todo el mundo a costa del bolsillo del pueblo. Durante su sexenio viajó por todo Estados Unidos y sus ciudades gloriosas. No hubo país sudamericano que no conociera: Argentina, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Uruguay, Brasil, Ecuador. Viajo por toda Europa, la India, Japón, Indonesia, China, Filipinas, Yugoeslavia y Egipto.
En México comenzó a conocérsele como López Paseos y según su propio biógrafo, Justo Sierra Casasús esto molestaba en verdad al presidente, “Si no será indignante que me digan así, si lo único que quiero es ubicar el nombre de México en todo el mundo, eso de López Paseos me enferma”, llegó a confesarle a Sierra Casasús. Su afición por los viajes era comparable por su gusto por las mujeres y era famoso el chiste de qué López Mateos al llegar a trabajar por la mañana preguntaba a su secretario particular: “¿Hoy que me toca, viajes o viejas?”.
Fiel a la tradición inaugurada por Adolfo López Mateos, le siguieron los siguientes presidentes Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quiénes han recorrido el planeta con la excusa de dejar el nombre de México en el mundo.
Conocedor de los gustos por ciertos mexicanos a volar en avión, Fernando Chico Pardo, presidente del Consejo de Administración de Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) busca acrecentar su influencia en el ramo y por supuesto su fortuna. Desde un principio es uno de los participantes en la licitación para la concesión del Nuevo Aeropuerto Internacional México (NAIM). Con poco más de tres lustros en los negocios de la aviación y a sus 65 años el prestigio de Chico Pardo en el ramo es ya legendario: Asur tiene utilidades anuales de 162 millones de dólares. Chico Pardo es dueño de algunos puertos de México, como Acapulco, Manzanillo, Progreso, Veracruz y Cozumel; pero también de algunos en el mundo. La controladora de Stevedoring Services of America (o SSA Marine), una operadora de puertos fundada por el patriarca de la familia Smith-Hemingway y que opera en puertos de diez países, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Panamá, Sudáfrica y Chile y en México, mueve un millón de contenedores, especialmente en Manzanillo, y más de un millón de pasajeros de cruceros a través de los puertos de Acapulco y Cozumel. A través de Carrix, Chico Pardo es accionista del 49% de la empresa SSA Marine una empresa estadounidense dedicada a la logística de puertos, propiedad de la familia Smith-Hemingway en Estados Unidos y que cuenta con los puertos más importantes del Norte de América.
Como inversionista es el primer mexicano con injerencia en la administración de aeropuertos en Colombia, en donde adquirió seis aeropuertos y está a la espera de que la Comisión de Competencia de aquella nación autorice la compra de otras seis terminales. En sus manos está la operación de la terminal Luis Muñoz Marín, en San Juan de Puerto Rico. Fernando Chico Pardo ha diversificado sus inversiones ya sea en el Grupo Posadas, la cadena hotelera; Cultiba, la fabricante y distribuidora de Pepsi, y en APM, el operador de puertos holandés más grande del mundo.
La trayectoria empresarial de Chico Pardo es sorprendente: fundador y Presidente del fondo de inversión Promecap, S.C. Anteriormente, fue socio y Director General Interino de Grupo Financiero Inbursa, S.A. de C.V.; socio y Director General Interino de Acciones e Inversora Bursátil, S.A. de C.V. Casa de Bolsa; fundador y Director de Acciones y Asesoría Bursátil, S.A. de C.V. Casa de Bolsa; Director of Metals Procurement en Salomon Brothers (Nueva York); Representante de América Latina para Mocatta Metals Corporation; y Representante de México para Standard Chartered Bank (Londres).
Fue el brazo derecho del magnate Carlos Slim por mucho tiempo, como miembro del consejo de administración de Grupo Financiero Inbursa, Condumex, Grupo Carso, Sanborns Hermanos, Sears Roebuck de México y Grupo Posadas de México.


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Fernando Chico Pardo es un baby boomer que es el término usado para describir a las personas que nacieron en el período contemporáneo y posterior a la Segunda Guerra Mundial, entre los años 1946 y 1964, cuya característica principal es que son conquistadores del mundo. Nació en 1952 en la Ciudad de México, estudió en la Universidad Iberoamericana Administración de Empresas y cuenta con un MBA de The Northwestern University. Después de permanecer y aprender todo lo que pudo de la mano y boca de Carlos Slim, Chico Pardo inicia su propio vuelo a principio de la década de los 90, cuando junto de la mano del gurú de Slim, George Soros fundó Promecap.
Con su tesón e inteligencia, en poco tiempo Chico Pardo logró ubicar a su empresa e inversiones como un éxito, hecho que la consultora The Boston Consulting Group calificó como un gran logro extraordinario. Pero Chico Pardo tenía ya en la mente la idea de que los vuelos y aeropuertos iban a ser su tesoro. Fue así que en 2004 su compañía maneja los aeropuertos de Cancún, Cozumel y Oaxaca. Un año después es nombrado presidente de la misma. Desde 2005 las acciones de Asur han subido más de 350% y el EBITDA -un indicador que refleja la fortaleza de las finanzas de una compañía- creció más de 160%. Bajo su gestión, el grupo logró los ingresos comerciales por pasajero más elevados del sector.
El otro gran éxito de Chico Pardo ha sido la asociación con FRS Capital, tenedora de Carrix. Los dueños de la empresa, la familia Smith-Hemingway, recibieron más de 100 ofertas, pero al final se decidieron por el mexicano porque les convenció su faceta de inversionista activo.
En 2006, fue condecorado con la Cruz de la Legión de Honor del gobierno francés y es parte de los 331 consejeros del Pacto Mundial de la ONU, donde se busca que las empresas practiquen los derechos humanos, normas laborales y la lucha contra la corrupción. Chico Pardo es el único mexicano en pertenecer a tan selecto grupo.


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El aeropuerto de Cancún tiene 25 millones de pasajeros al año y ha sido distinguido como el mejor aeropuerto de Latinoamérica por 10 años seguidos. Fernando Chico Pardo tiene una sensibilidad nata para ver lo que otros no ven, ni aunque les pegue en las narices, cualidad que Carlos Slim apreciaba mucho en él.
En Quintana Roo, Fernando Chico Pardo ha visto la gloria que le depara a este destino turístico. El proyecto del Tren Maya, propuesto por Andrés Manuel López Obrador es sólo la punta del iceberg. Conocedor de la importancia de las comunicaciones en la Historia de la Humanidad, Chico Pardo sabe que la mayor actividad comercial en el mundo se mueve de Asia a América Latina y, en Norteamérica, de la Costa Oeste a la zona del Golfo de México y a la Costa Este.
Estimaciones del Banco Mundial dicen que América necesita 3.6 billones de dólares para financiar infraestructura de aquí a 2020 y mantenerse competitiva.
Los inversionistas chinos saben esto también y no han perdido tiempo en meter su dinero en la ampliación del Canal de Panamá para permitir el paso de un nuevo y más grande tipo de barcos. Sin embargo, las grandes inversiones se encuentran en Nicaragua, pues a través de un mega proyecto de inversionistas chinos se construye un canal transoceánico con un costo de 40 mil millones de dólares, lo que ubicará a los asiáticos como los reyes y amos de las comunicaciones y transportación de mercancías.
Chico Pardo ha olido esto y sabe que hay que inyectar capital a la infraestructura de los puertos, trenes y aeropuertos de México. “Lo que falta en México es inversión y una mejor coordinación de los ferrocarriles para conectarse con los puertos”, dice muy seguido el empresario.
La construcción del Tren Maya ya cuenta con una primera estación aprobada por los diseñadores del proyecto, la cual estará en el Aeropuerto Internacional de Cancún. Según las cifras del propio López Obrador, la inversión al Tren Maya será entre 120 y 150 millones de pesos y se tiene proyectado que en su inicio generará 20 mil empleos, “lo cual permitirá contener la migración, e impactará en el desarrollo económico y social de esta región”, ha detallado el tabasqueño.
Dentro del plan trazado, este proyecto hará uso de tres derechos de vías, la férrea que es de la nación, de carreteras que administra la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), y de líneas eléctricas, que administra la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Rogelio Jiménez Pons, propuesto como nuevo titular del Fondo Nacional del Fomento al Turismo (Fonatur), explicó que se prevé un esquema mixto de inversión para este proyecto, pero acotó que se trata de un proyecto con inversión mixta, nacional, privada y extranjera, con prioridad a la inversión privada nacional.
Esta sola idea caza perfectamente con la visión de Chico Pardo y los puertos en México, que tiene puertos pequeños y carentes de equipos de última generación. De los 77 puertos existentes solo 49 son de uso comercial y de baja escala. El de mayor capacidad es Manzanillo, pero maneja un cuarto de la carga que Long Beach, en Los Ángeles, y en América Latina es superado por el puerto Colón (Panamá) y Santos (Brasil).
Fernando Chico ha invertido 100 millones de dólares en una nueva terminal en Tuxpan, Veracruz con la que busca competir con el puerto de Lázaro Cárdenas por la carga del centro del país, sobre todo acero y autos. También atiende a los mercados del norte de Europa, el Caribe, la costa atlántica de Centro y Sudamérica, y la Costa Este de Estados Unidos. El puerto de Lázaro Cárdenas se especializa en carga automotriz, da servicio a las armadoras del centro del país y se posiciona como centro de embarque para la costa del Pacífico. Por ello la visión de Chico Pardo está en la necesaria comunicación de mercancías entre las nuevas armadoras que se construyen en el centro del país y el Bajío, que duplicarán la producción y eso aumentará las exportaciones e importaciones de vehículos y la llegada de autopartes.
El puerto de Tuxpan ampliará su terminal especializada en carga automotriz en Lázaro Cárdenas y abrirá terminales similares a plazas comerciales para atender a pasajeros de cruceros en zonas turísticas y así tratar de internarlos a sitios de atracción turística.
En Quintana Roo Chico Pardo ha olido el inmenso potencial turístico que hay en toda la región. Simplemente con el Tren Maya y el traslado de miles de trabajadores quintanarroenses, yucatecos, chiapanecos, campechanos y tabasqueños de un lado a otro con un sistema económico de viaje hace muy redituable el proyecto. A esto hay que sumarle su otro sentido, “más turístico”: los vagones especiales para los turistas con distintos servicios y productos muy exclusivos y de alto lujo.
El nuevo gobierno encabezado por López Obrador garantiza a los empresarios sureños que la construcción del Tren Maya también contempla crear nuevas zonas turísticas, zonas comerciales y centros de producción. Además este proyecto viene acompañado de la creación de un tren ligero y nueva infraestructura en carreteras y servicios.
El Gobierno de la IV Transformación está trayendo muchas alegrías a los empresarios mexicanos y algunos, como Fernando Chico Pardo o Carlos Slim, ya se les queman las manos para invertir. Pero para contar esa historia aún queda mucha “Vida y memoria” por delante.

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